En cuanto al aspecto nutricional, la cabra es un alimento que destaca por su contenido en yodo, cinc, selenio, proteínas, sodio, colesterol, vitamina E, vitamina B6, ácidos grasos poliinsaturados, vitamina B3, magnesio y agua.

Yodo. Favorece el funcionamiento de los tejidos nerviosos y musculares, así como el sistema circulatorio. Además, el yodo, colabora en el metabolismo de otros nutrientes, y juega un papel esencial en el adecuado desarrollo de la glándula tiroidea.

Cinc. Interviene en el proceso de formación de los huesos, así como en el desarrollo de los órganos reproductivos, favoreciendo el funcionamiento de la glándula prostática. El cinc, además de ser un poderoso antioxidante natural, favorece la absorción de vitamina A y la síntesis de proteínas como el colágeno, colabora en el adecuado crecimiento durante el embarazo, niñez y adolescencia, y ayuda al mantenimiento de los sentidos de la vista, el gusto y el olfato. Además de en los huesos, está presente en diferentes tejidos de nuestro organismo como músculos, testículos, cabellos, uñas y revestimientos oculares.

Selenio. Refuerza la protección contra enfermedades cardiovasculares a la vez que estimula el sistema inmunológico. El carácter antioxidante del selenio, retarda el proceso de envejecimiento celular, a la vez que le confieren propiedades preventivas contra el cáncer. La acción de este nutriente guarda relación con la actividad de la vitamina E.

Proteínas. Colaboran en el adecuado crecimiento y desarrollo del organismo, favoreciendo las funciones estructural, inmunológica, enzimática (acelerando las reacciones químicas), homeostática (colaborando al mantenimiento del pH) y protectora-defensiva.

Sodio. La concentración de sodio en el plasma sanguíneo está íntimamente relacionada con la presión sanguínea y, por consiguiente, la elevada presencia de este nutriente en los productos que habitualmente se consumen de la cabra, puede ocasionar problemas cardiovasculares, hipertensión, retención de líquidos, inflamaciones y formación de cálculos, por lo que no es recomendable abusar de ellos.

Colesterol. Requerido tanto en tejidos corporales -hígado, médula espinal, páncreas y cerebro- como en el plasma sanguíneo, siendo esencial para crear la membrana plasmática que regula la entrada y salida de sustancias a través de las células. Una dieta con una elevada proporción de grasas saturadas, elevará los niveles de colesterol en la sangre y conllevará un mayor riesgo de padecer aterosclerosis -estrechamiento de las arterias por la acumulación de lípidos en sus paredes- y otras enfermedades cardiovasculares.

Vitamina E. Presenta propiedades antioxidantes que ayudan a mantener la integridad de la membrana celular, protegiendo las células y aumentando la respuesta defensiva de éstas ante la presencia de sustancias tóxicas derivadas del metabolismo del organismo o del ingreso de compuestos por vías respiratorias o bucales. Las propiedades antioxidantes de la vitamina E protegen, además de al sistema inmune, al sistema nervioso con el mantenimiento de la mebrana neuronal y al sistema cardiovascular evitando la destrucción de glóbulos rojos y la formación de trombos. Asimismo, esta vitamina protege al organismo frente a la destrucción de ácidos grasos, vitamina A, vitamina C y selenio, y frente al envejecimiento causado por la degeneración de tejidos que trae consecuencias como la falta de memoria, siendo importante en la formación y renovación de fibras elásticas y colágenas del tejido conjuntivo.

Vitamina B6 (o piridoxina). Favorece la formación de glóbulos rojos, células sanguíneas y hormonas, interviene en la síntesis de carbohidratos, proteínas y grasas, y colabora en el mantenimiento de los sistemas nervioso e inmune en perfecto estado, participando indirectamente en la producción de anticuerpos. La vitamina B6 reduce además los niveles de estrógeno, aliviando así los síntomas previos a la menstruación además de estabilizar los niveles de azúcar en sangre durante el embarazo. También evita la formación de piedras o cálculos de oxalato de calcio en el riñón.

Ácidos grasos. Son fuente de energía y ayudan a regular la temperatura corporal, a envolver y proteger órganos vitales como el corazón y los riñones, y a transportar las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) facilitando así su absorción. La grasa resulta imprescindible para la formación de determinadas hormonas y suministra ácidos grasos esenciales que el organismo no puede sintetizar y que ha de obtener necesariamente de la alimentación diaria. A pesar de ello, conviene controlar la ingesta de alimentos ricos en grasa puesto que el cuerpo almacena la que no necesita, lo que ocasiona incrementos de peso indeseados y subidas de los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre.

Vitamina B3 (o niacina). Interviene en el proceso de transformación de energía a partir de hidratos de carbono, proteínas y grasas, y contribuye a relajar los vasos sanguíneos dotándoles de elasticidad, a estabilizar los niveles de glucosa y ácidos grasos en la sangre, y a reducir el colesterol secretado por el hígado. Junto con otras vitaminas del complejo B, la niacina ayuda a mantener sanas piel y mucosas digestivas, además de colaborar en el buen estado del sistema nervioso.

Magnesio. Contribuye a mejorar tanto el tono muscular como el neuronal, favoreciendo la transmisión de los impulsos nerviosos, y la contracción y relajación de los músculos. Colabora en el reforzamiento del sistema óseo y la dentadura, e interviene en el sistema cardiovascular, ayudando a mantener estable el ritmo cardíaco y la presión arterial, protegiendo las paredes de los vasos sanguíneos y actuando como vasodilatador, evitando de esta manera la formación de coágulos. Además, con el magnesio, se aumenta la producción de glóbulos blancos para beneficio del sistema inmunitario. Se estima que alrededor del 60% del magnesio que asimilamos se asienta en huesos y dientes, el 28% en órganos y músculos, y el 2% restante en líquidos corporales.

Agua (74,70%). Favorece la hidratación de nuestro organismo, al que debemos abastecer, incluyendo el consumo a través de los alimentos, con una cantidad de agua que oscila entre los 2,7 y los 3,7 litros, dependiendo de cada constitución, de la actividad física desarrollada, o de estados como el embarazo, la lactancia, enfermedad o exposición a fuentes de calor, circunstancias estas últimas donde las necesidades de consumo aumentan.

El resto de nutrientes presentes en menor medida en este alimento, ordenados por relevancia de su presencia, son: fósforo, potasio, calorías, vitamina B2, vitamina B, grasa, vitamina B9, hierro, calcio, ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos saturados.

Propiedades de los lácteos de cabra
En cuanto al aspecto nutricional, los lácteos de cabra son un alimento con un alto contenido en ácidos grasos saturados, vitamina B2, grasa, sodio, fósforo, ácidos grasos monoinsaturados, calcio, vitamina B9, calorías, retinol, proteínas y vitamina A.

Ácidos grasos. Son fuente de energía y ayudan a regular la temperatura corporal, a envolver y proteger órganos vitales como el corazón y los riñones, y a transportar las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) facilitando así su absorción. La grasa resulta imprescindible para la formación de determinadas hormonas y suministra ácidos grasos esenciales que el organismo no puede sintetizar y que ha de obtener necesariamente de la alimentación diaria. A pesar de ello, conviene controlar la ingesta de alimentos ricos en grasa puesto que el cuerpo almacena la que no necesita, lo que ocasiona incrementos de peso indeseados y subidas de los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre.

Vitamina B2 (o riboflavina). Favorece la actividad oxigenadora intercelular, mejorando el estado de las células del sistema nervioso y colaborando en la regeneración de tejidos como piel, cabello, uñas y mucosas, y de forma especial en la integridad de la córnea, contribuyendo de esta manera a mejorar la salud visual. Esta vitamina interviene además en la transformación de los alimentos en energía, y complementa a la vitamina E en su actividad antioxidante, y a las vitaminas B3 y B6 en la producción de glóbulos rojos, ayudando a mantener el sistema inmune en buen estado.

Sodio. La concentración de sodio en el plasma sanguíneo está íntimamente relacionada con la presión sanguínea y, por consiguiente, la elevada presencia de este nutriente en los productos que habitualmente se consumen de los lácteos de cabra, puede ocasionar problemas cardiovasculares, hipertensión, retención de líquidos, inflamaciones y formación de cálculos, por lo que no es recomendable abusar de ellos.

Fósforo. Contribuye a la mejora de determinadas funciones de nuestro organsimo como la formación y desarrollo de huesos y dientes, la secreción de leche materna, la división y metabolismo celular o la formación de tejidos musculares. La presencia de fósforo (en forma de fosfolípidos) en las membranas celulares del cerebro es fundamental, favoreciendo la comunicación entre sus células, mejorando de esta manera el rendimiento intelectual y la memoria.

Calcio. Contribuye al fortalecimiento de huesos, dientes y encías, y favorece la adecuada coagulación de la sangre, previniendo enfermedades cardiovasculares, ya que el calcio ayuda a disminuir los niveles de colesterol en sangre. Ayuda también en la regularidad de la frecuencia cardíaca y en la transmisión de impulsos nerviosos, contribuyendo a reducir la tensión arterial en personas con hipertensión. El calcio además, mantiene la permeabilidad de las membranas celulares, e interviene en el proceso de la actividad neuromuscular, entre otras funciones.

Vitamina B9 (o ácido fólico). Contribuye a la formación de células sanguíneas y glóbulos rojos, ayudando a prevenir la anemia y a mantener sana la piel. Además de ser indispensable para la correcta división y crecimiento celular -fundamental durante el embarazo y la infancia-, la vitamina B9 interviene en el metabolismo de proteínas, ADN y ARN, reduciendo el riesgo de aparición de deficiencias en el tubo neural del feto (estructura que dará lugar al sistema nervioso central). Esta vitamina además, disminuye la posibilidad de presentar enfermedades cardiovasculares, previene algunos tipos de cáncer como la leucemia, estimula la formación de ácidos digestivos y ayuda a mejorar el apetito.

Calorías. Favorecen el mantenimiento de las funciones vitales y la temperatura corporal de nuestro cuerpo, así como el desarrollo de la actividad física, a la vez que aportan energía para combatir posibles enfermedades o problemas que pueda presentar el organismo. El exceso de calorías sólo es recomendable en circunstancias especiales como épocas de crecimiento y renovación celular, y en personas que realizan una actividad física intensa o padecen situaciones estresantes como enfermedad o recuperación tras una intervención quirúrgica.

Retinol. Actúa como antioxidante previniendo el envejecimiento celular y protegiendo el organismo frente a los radicales libres y la aparición de cáncer, a la vez que se aumenta la eficiencia del sistema inmunitario y se reducen las probabilidades de ataques cardíacos. El retinol contribuye además a prevenir determinadas alteraciones de la vista como cataratas, glaucoma, perdida de visión o ceguera crepuscular, y ayuda a combatir infecciones bacterianas como la conjuntivitis. También ayuda a mejorar la visión nocturna.

Proteínas. Colaboran en el adecuado crecimiento y desarrollo del organismo, favoreciendo las funciones estructural, inmunológica, enzimática (acelerando las reacciones químicas), homeostática (colaborando al mantenimiento del pH) y protectora-defensiva.

Vitamina A. Colabora en las funciones de crecimiento, mantenimiento y reparación del sistema óseo, a la vez que contribuye al desarrollo celular relacionado con la vista, mucosas, epitelios, piel, uñas, cabello y esmalte de dientes. La vitamina A cumple además un rol determinante en la función reproductiva, contribuyendo tanto en la producción de esperma como en el ciclo reproductivo femenino, y favoreciendo el normal desarrollo de células y tejidos del feto durante el embarazo.

El resto de nutrientes presentes en menor medida en este alimento, ordenados por relevancia de su presencia, son: colesterol, agua, vitamina B3, vitamina B, cinc, ácidos grasos poliinsaturados, vitamina B12, potasio, magnesio, vitamina E, vitamina B6, vitamina D, yodo, selenio, hierro, hidratos de carbono, vitamina C y carotenoides.

Los beneficios del Queso de Cabra

El queso de cabra es en la actualidad uno de los quesos más sanos (si no el más) que hay. El queso de cabra cuenta con muchos nutrientes esenciales para el organismo lo que lo convierte en un alimento terapéutico importante.

Existen diversas técnicas para su elaboración, pero la más simple, consiste en dejar que la leche cruda se corte naturalmente, drenando y prensando el cuajo (sustancia que se usa para formar el queso). Estos quesos también se pueden fabricar con métodos más artesanales.

Beneficios del queso

En estudios comparados con otros quesos como los de vaca, por ejemplo, el queso de cabra resulta una alternativa mucho más saludable. Se ha determinado que es bajo en grasas saturadas, se digiere mejor, reduce el colesterol, tiene más nutrientes (vitaminas, minerales y proteínas), previene algunas enfermedades (osteoporosis, del tipo cardiovascular, anemia), es recomendado para alérgicos a la proteína de la leche de vaca y para intolerantes a la lactosa.

El queso de cabra tiene más proteína que el de vaca y que se asimila a la leche humana. Es bueno para los riñones en especial para gente que sufre de insuficiencia renal crónica, por su bajo contenido en potasio.

Tipos de ayuda

Este alimento nos proporciona beneficios en varios sistemas del organismo, mientras que nos entrega nutrientes y nos ayuda a tratar problemas específicos. Estos son algunos de sus aportes:

  • Cuenta con un bajo nivel de lactosa: al tener poco de esta sustancia, sumado a un bajo nivel de caseína, hacen que sea un alimento ideal para las personas con intolerancia a la lactosa, en especial niños.
  • Alivia a las vías respiratorias: lo que hace el queso de cabra es estimular al organismo para que produzca menos mucosidad en las vías respiratorias. Esto resulta óptimo para gente con afecciones respiratorias y niños con problemas en bronquios.
  • Más digerible: La leche de cabra se digiere mejor que la de vaca. Esto es porque cuenta con proteínas y grasas de menor tamaño que son más fáciles de asimilar para el organismo. Así el queso de cabra puede ser un buen alimento para gente con alteraciones gástricas, para operados, o personas con úlceras, alteraciones gástricas o para dietas por tratamiento oncológico.
  • Ideal para niños: la leche de cabra es un buen alimento para los pequeños. Está enriquecida con ácido fólico lo que mejora la absorción de hierro. Por lo mismo, sirve para luchar contra la anemia. En general, los nutre bien.
  • Alto contenido nutricional: este queso es una fuente importante de aminoácidos y proteínas esenciales. De sus nutrientes, cuenta con un 13% más de calcio que el de vaca, 134% más de potasio, cuatro veces más de cobre, 27% más de selenio, 47% más de vitamina A, más hierro y menos sodio.
  • Controla y reduce el colesterol: los ácidos grasos de la leche de cabra tienen una función única para el metabolismo. Esta restringe los depósitos de colesterol en los tejidos corporales, impidiendo su absorción. De esta forma, disminuye el llamado colesterol malo y aumenta el bueno. Esta tiene entre 30 a 40% menos de colesterol que otras leches. Por esto es óptima para prevenir diabetes y enfermedades cardiovasculares.
  • Menos grasa: la leche de cabra tiene poco aporte de calorías, por sus ácidos grasos que se absorben directamente. Estos son del tipo “cadena media” que llegan de forma más directa al intestino y después a la sangre. Entonces, son metabolizados más rápido para producir energía. Estas grasas tampoco engordan.

Yogur de cabra

El riquísimo yogur de cabra pero sin calorías. El yogur ayuda a regenerar nuestra flora intestinal. Esta regeneración, es muy importante para un buen transito intestinal corrigiendo así muchos casos de estreñimiento o diarreas, y para mejorar el sistema inmunológico.
Además, el yogur hace la leche mucho más digestiva, ya que tiene mucha menos lactosa que la propia leche. Así encontraremos personas que no pudiendo tolerar la leche, pueden comerse un yogur tranquilamente.

Además, al ser yogur a partir de leche de cabra, es apto para las personas con alergia a la proteína de la leche de vaca. Tiene una textura sorprendentemente cremosa.

Es ideal para las personas que quieren una dieta baja en calorías. El yogur tiene menos de la mitad de calorías, conservando casi todo su sabor.
Aunque el envase no te lo acabes en una comida, lo puedes volver a cerrar y consumirlo tranquilamente dentro de los siguientes 10 días.


Queso de cabra curado

Entre los alimentos de la categoría de los lácteos y derivados de la leche que tenemos disponibles entre los alimentos, se encuentra el queso de cabra curado.

El queso de cabra curado es un alimento rico en fósforo ya que 100 g. de este queso contienen 796 mg. de fósforo.

Este alimento también tiene una alta cantidad de vitamina B2. La cantidad de vitamina B2 que tiene es de 1,20 mg por cada 100 g.

Con una cantidad de 437 ug por cada 100 gramos, el queso de cabra curado también es también uno de los alimentos con más vitamina A.

Este queso es muy alto en nutrientes. Además de los mencionados anteriormente, el queso de cabra curado es también un alimento muy rico en sodio (790 mg. cada 100 g.) y proteínas (27,60 g. cada 100 g.).

Entre las propiedades nutricionales del queso de cabra curado cabe también destacar que tiene los siguientes nutrientes: 1,10 mg. de hierro, 190 mg. de calcio, 0 g. de fibra, 114 mg. de potasio, 2 mg. de yodo, 2,90 mg. de zinc, trazas de carbohidratos, 26 mg. de magnesio, 0,14 mg. de vitamina B1, 7,23 mg. de vitamina B3, 0,41 ug. de vitamina B5, 0,10 mg. de vitamina B6, 0 ug. de vitamina B7, 53 ug. de vitamina B9, 1,50 ug. de vitamina B12, 0 mg. de vitamina C, 0,20 ug. de vitamina D, 0,90 mg. de vitamina E, 2,30 ug. de vitamina K, 467 kcal. de calorías, 100 mg. de colesterol, 39,60 g. de grasa, trazas de azúcar y 0 mg. de purinas.

Beneficios del queso de cabra curado

Dada su alta cantidad de proteínas, el queso de cabra curado es un alimento recomendado especialmente para el desarrollo muscular. Los alimentos ricos en proteínas como este queso, están recomendados durante la infancia, la adolescencia y el embarazo ya que en estas etapas, es necesario un mayor aporte de este nutriente.

El queso de cabra curado, al ser un alimento rico en fósforo, ayuda a mantener nuestros huesos y dientes sanos así como una piel equilibrada ya que ayuda a mantener su PH natural. Por su alto contenido en fósforo este queso ayuda a tener una mayor resistencia física. Este mineral, contribuye también a mejorar las funciones biológicas del cerebro.

Al tener mucha vitamina A o niacina, el queso de cabra curado previene enfermedades en los ojos, fortalece el sistema inmunitario y tiene propiedades anticancerosas. También por su alto contenido de vitamina A, este queso también favorece el buen estado de la piel y de las mucosas.

El tomar el queso de cabra curado y otros alimentos ricos en vitamina B2, puede ayudar a superar las migrañas y es beneficioso para mantener una buena salud ocular y de la piel. Los alimentos ricos en vitamina B2 o riboflavina como este queso, también son útiles para mejorar problemas nerviosos como el insomnio, la ansiedad o el estrés.

Propiedades de la cabra
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